La renuncia de Jacinda Ardern demuestra que el «burnout» es real (Análisis)

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(CNN) — El agotamiento laboral o «burnout» es real y no hay razón para sentir vergüenza por eso. Esa es la conclusión a la que parece haber llegado la pionera líder de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, tras casi seis años brutales en el cargo.

La futura ex primera ministra, que anunció su dimisión este jueves, dijo que la decisión de abandonar el cargo se produjo durante un verano reflexivo en el hemisferio sur. Y con unas elecciones a la vista en octubre, no vio la necesidad de prolongar su salida.

«Esperaba encontrar lo que necesitaba para continuar durante ese periodo. Pero, por desgracia, no ha sido así, y sería un perjuicio para Nueva Zelandia que continúe», declaró.

El domingo, la asamblea del Partido Laborista votará a un nuevo líder y, si todo resulta según lo previsto, Ardern dejará el cargo el 7 de febrero: un rápido final para la carrera de esta antigua cajera de un restaurante de pescado y papas fritas de la pequeña localidad neozelandesa de Morrinsville.

El descenso controlado de Ardern desde la estratosfera de la política internacional —donde era admirada por millones de personas en todo el mundo por sus políticas progresistas— es casi tan rápido como su espectacular ascenso a la jefatura del Gobierno en 2017, solo tres meses después de ser elegida para liderar el Partido Laborista.

En aquel momento, solo tenía 37 años, era relativamente joven en la escena mundial y podría haber sido fácilmente dejada de lado como mujer al frente de un remoto país de unos 5 millones de habitantes.

Ardern saltó a los titulares por ser joven y prácticamente desconocida, y luego por ser la primera dirigente en 30 años en tener una bebé, a la que llevó a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Jacinda Ardern

La primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, y su hija Neve Te Aroha Ardern Gayford en el recinto superior del Tratado de Waitangi, el 4 de febrero de 2020. Crédito:Fiona Goodall/Getty Images

Esa niña, Neve Te Aroha Ardern Gayford, tiene ahora 4 años y su madre está ahora más cansada que nunca después de enfrentarse a múltiples crisis, incluyendo el peor ataque terrorista de la historia del país, una explosión volcánica mortal y una pandemia global que provocó impopulares confinamientos, todo ello durante su primer mandato.

Durante su mandato, Ardern demostró que era posible compaginar una familia joven y un cargo exigente, y ahora predica con el ejemplo para demostrar que cuando el depósito está vacío y no hay más que dar, también está bien retirarse.

«Estoy deseando volver a pasar tiempo con mi familia», dijo Ardern. «Podría decirse que son los que más se han sacrificado de todos nosotros».

Suposiciones del porqué

Se esperaba que el 6 de febrero la afable líder estuviera detrás de la barbacoa volteando salchichas durante el Día Nacional de Nueva Zelandia, el Día de Waitangi, como ha hecho en los últimos cuatro años. Pero este año, los informes sugirieron que el evento podría cancelarse porque era potencialmente demasiado peligroso para la primera ministra estar tan expuesta.

Algunos expertos afirman que los continuos ataques contra su persona, las amenazas contra su vida y la perspectiva de cosas peores en los meses previos a unas elecciones difíciles probablemente han contribuido a la decisión de Ardern de retirarse.

«Ha habido gente que ha proferido amenazas muy viles contra ella», dijo Neale Jones, comentarista político y antiguo jefe de Gabinete de Ardern. «Creo que es algo que ha ejercido presión, pero creo que ella tenía muy claro que se había quedado sin fuerzas», afirmó.

«Estaba agotada de hacer un trabajo probablemente más intenso que cualquier otro que haya hecho un primer ministro de Nueva Zelandia desde la Segunda Guerra Mundial».

En términos de muertes por covid, Nueva Zelandia sufrió un número envidiablemente bajo, perdiendo menos de 2.500 vidas, en parte debido a la rápida actuación de Ardern para cerrar las fronteras del país cuando el coronavirus se extendió por todo el mundo en marzo de 2020.

Nueva Zelandia

La gente hace cola para hacerse la prueba de covid en un centro de pruebas de Auckland, Nueva Zelandia, el 14 de septiembre de 2020. Crédito: Hannah Peters/Getty Images

Pero los confinamientos prolongados y mandatos de covid provocaron escenas alarmantes en Wellington, la capital del país, el pasado marzo, cuando manifestantes que acamparon durante semanas frente al Parlamento prendieron fuego a tiendas de campaña, colchones y sillas. Después, en octubre, la oficina de Ardern fue presuntamente atacada mientras la primera ministra se encontraba de viaje en la Antártida, lo que aumentó los temores sobre su seguridad, según los medios de comunicación locales.

Según la Policía, en 2021 se produjeron 50 amenazas contra Ardern, frente a las 32 de 2020 y las 18 de 2019. Las amenazas estaban relacionadas con las vacunas, el covid-19 y armas de fuego, dijo la policía, aunque fue imposible determinar un motivo para muchas ya que incluían «simplemente palabras ofensivas, obscenas o amenazantes».

Ardern no mencionó las amenazas durante su discurso de dimisión este jueves, y subrayó que no dejaba el cargo porque fuera «duro».

«De haber sido así, probablemente me habría marchado a los dos meses de estar en el cargo», dijo.

Saber cuándo irse

Ardern ha sido aclamada en todo el mundo por su humanidad y empatía, pero en su país el aumento del costo de la vida, la escasez de vivienda y la ansiedad económica han hecho que algunos se pregunten si su gobierno podría hacer algo más para aliviar su sufrimiento.

«Ha habido varios grupos de trabajo de expertos en fiscalidad y bienestar que han hecho algunas recomendaciones bastante audaces que el gobierno laborista no ha seguido. Mucha gente las señala como fallos políticos», afirma Lara Greaves, politóloga de la Universidad de Auckland.

«Gran parte de la atención del gobierno se ha centrado en la respuesta de covid, y no en intentar sacar adelante las distintas plataformas políticas», añadió.

Pero Ardern dijo que su decisión no tenía nada que ver con querer evitar una derrota electoral en octubre. «No me voy porque crea que no podemos ganar las elecciones, sino porque creo que podemos hacerlo y lo haremos, y necesitamos un nuevo par de hombros para ese reto», declaró.

No está claro en quién recaerá el liderazgo: el supuesto sucesor de Ardern, el viceprimer ministro Grant Robertson, ha dicho que no está interesado. No se descarta que el sucesor de Ardern sea una mujer, ya que la ministra de Justicia, Kiri Allan, es una posible candidata.

Aunque Ardern fue la tercera mujer en ocupar el cargo de primera ministra de Nueva Zelandia, después de Jenny Shipley y Helen Clark, las críticas de género fueron una presencia constante durante su mandato.

Ardern

El primer ministro de Camboya, Hun Sen, la primera ministra de Nueva Zelandia, Jacinda Ardern, el primer ministro de la India, Narendra Modi, el primer ministro de China, Li Keqiang, y el primer ministro de Tailandia, Prayuth Chan-Ocha, en la tercera cumbre de la Asociación Económica Integral Regional en Bangkok, Tailandia, en 2019. Crédito: Athit Perawongmetha/Reuters

Clark dijo en un comunicado este jueves: «Las presiones sobre los primeros ministros son siempre grandes, pero en esta era de redes sociales, clickbait y ciclos de medios 24/7, Jacinda se ha enfrentado a un nivel de odio y críticas que en mi experiencia no tiene precedentes en nuestro país».

Greaves, de la Universidad de Auckland, dijo que la cobertura de Ardern ha adoptado durante mucho tiempo un tono misógino. «La gente se burla de su aspecto, como se hace con los políticos, y la critica desde una perspectiva de género», explicó Greaves.

En noviembre pasado, cuando Ardern estaba junto a la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, un periodista le preguntó si se habían conocido porque tenían «edades similares y, ya sabes, muchas cosas en común».

Ardern se lo reprochó, preguntándose si haría la misma pregunta a dos líderes masculinos.

«Por supuesto que tenemos una mayor proporción de hombres en política. Es la realidad. Pero que dos mujeres se encuentren no se debe simplemente a su género», dijo.

Y pocas horas después de la dimisión de Ardern llegó la primera demostración de que el escrutinio de su liderazgo en la prensa local va más allá de lo que cabría esperar de un equivalente masculino: un artículo que repasaba algunos de «sus mejores estilos y momentos de moda».

Ardern tampoco mencionó la misoginia en su discurso de dimisión. Como es habitual en ella, se mostró abierta y honesta y dejó que las lágrimas asomaran a sus ojos al anunciar que no se presentaría a la reelección.

“Sé que tras esta decisión se discutirá mucho sobre cuál fue la verdadera razón. Puedo decirles que lo que comparto hoy lo es», dijo.

«Lo único interesante que encontrarán es que, tras seis años de grandes desafíos, soy humana. Los políticos son humanos», afirmó.

«Damos todo lo que podemos durante todo el tiempo que podemos, y luego llega el momento. Y para mí, es el momento».

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